Cuando llegamos al Hotel Petit Palace Puerta del Sol, nos dieron la habitación. Un precioso ático con una magnífica terraza desde la cual se veía perfectamente el reloj de la plaza y la bola que esa noche, al bajar, nos indicaría el comienzo del nuevo año: 2.016
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| Terraza de la habitación del hotel |
En realidad el principal objetivo de este viaje era, como ya hemos dicho, pasar la Nochevieja en la Puerta del Sol, porque hemos visitado Madrid en varias ocasiones. No obstante esta vez queríamos ver el Madrid Oculto, es decir, volver a pasar por sitios ya visitados, con el objetivo de descubrir nuevas cosas.
Esa mañana tan solo hicimos un primer contacto y paseamos tranquilamente por la Puerta del Sol, la calle Mayor, sobre todo por ver el montaje festivo y navideño de la Plaza Mayor.
Llegó la hora de comer y ya en Barcelona habíamos hecho un estudio de los mejores sitios para comer el cocido madrileño.
Que si El Botín (según dicen el restaurante más antiguo del mundo), El Malacatín, La Bola, o los diferentes locales de la Taberna de la Daniela.
Escogimos este último, el de la calle Cuchilleros nº 9, por estar al lado de la Plaza Mayor. Está bien aunque la señora que nos tocó de camarera era poco amable. Además sirven el cocido como si estuviesen en la cadena de montaje. De todas formas el producto es de calidad y la cantidad es aceptable, a un precio de 26€ por persona. Es muy completo, con el inconveniente que ya no puedes probrar nada más porque entre la sopa, los garbanzos y la carne ("la pringá"), al menos nosotros quedamos tan llenos que ni cenamos.
Después de semejante comilona, fuimos al hotel a descansar.
Por la tarde seguimos nuestro paseo por los alrededores, entre el bullicio de la gente que se preparaba con sus pelucas y disfraces para la gran noche.
Estuvimos viendo los distintos balcones de la Plaza desde donde retransmitirían las campanadas las diferentes cadenas de televisión.






Este año sería la 1ª vez que se montaría un dispositivo especial. La Puerta del Sol sería desalojada a las 21 horas, más o menos, para luego a las 21:30 h. dar entrada (tras previos cacheos) a las personas que guardaban cola desde las 20 h. en diferentes calles de entrada a la plaza. El aforo según decían se limitaría a 25.000 personas.
Cuando empezaron a desalojar la plaza subimos a la terraza de la habitación del hotel y desde allí pudimos comprobar que el dispositivo resultó todo un éxito. Igualmente cuando llegó el momento de las 12 h., desde allí, en directo y con el sonido real de las campanadas nos tomamos las uvas y bebimos el cava. Fue realmente emocionante. Como curiosidad emotiva, fue ver el abrazo que se dieron los miembros de seguridad, algunos juntos en algún corro, otros con el compañero que tenían más cerca...para felicitarse el año recién estrenado. Fue una gran lección de trabajo bien hecho, eficiencia y humanidad.
Dejamos pasar el bullicio total y sobre la 1 h. de la madrugada, decidimos tomarnos un delicioso chocolate caliente con churros y porras. ¿Y dónde mejor y más típico? Efectivamente en la chocolatería San Ginés, justo al lado del hotel.
Después de esta inolvidable noche no fuimos a descansar, contentos de haber conocido un fin de año diferente. El clima, que fue de llovizna durante toda la jornada, respetó los momentos más importantes de la noche.












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